Momentos imperdibles de navegación popular
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Contempla la cumbre de la innovación humana: una silla de playa, ingeniosamente fijada a dos tablas y equipada con un motor fueraborda, que flota como un trono sobre el agua. Esta obra maestra de ingeniería marítima improvisada es la creación de un hombre que se niega rotundamente a aceptar los límites mundanos del mobiliario de playa.Allí está, de pie en la orilla, posando con el orgullo de un Poseidón moderno frente a su carroza flotante. Es como si acabara de resolver el eterno problema de cómo disfrutar del agua sin abandonar la comodidad de la tumbona. Su creación, una mezcla de relajación y aventura, provoca admiración y risa.
En un giro inesperado que ni el guionista más hábil podría haber imaginado, un camión, en un valiente pero desafortunado intento de fundirse con el mar, se excede en su labor de remolque al zambullirse de cabeza en el agua. Imaginen la escena: un típico día soleado en la orilla, vehículos entrando y saliendo, y de repente —¡chapoteo!— el camión decide que le toca nadar.El barco, antes un pasajero pasivo, ahora flota junto a su entusiasta transportador en una escena que difumina la línea entre vehículos terrestres y marítimos. Los transeúntes quedan en una mezcla de asombro y risas contenidas, presenciando un espectáculo que es en parte tragedia, en parte historia con moraleja.
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